Hoy coincido en el tren con el señor que pide aquí ultimamente, que me encoge el corazón.
"para poder comer, por favor", dice a toda velocidad.
El primer día que le ví aun llevaba el uniforme de su antiguo trabajo y se le fundían los ojos con el suelo. Un cartel plastificado colgaba de su cuello, como en un niño perdido, explicando su situación laboral y familiar. Su pañuelo de tela acumulaba agua salada, mientras las letras se atropellaban en su lengua.
Hoy ya no lleva el uniforme ni su pañuelo de tela, sino que cambia pañuelos de papel por monedas. Le han dado monedas cuatro personas del vagón, sólo una ha cogido los pañuelos.
Le veo limpio y camina derecho, mirando a la gente de frente.
"para poder comer, por favor", dice a toda velocidad.
El primer día que le ví aun llevaba el uniforme de su antiguo trabajo y se le fundían los ojos con el suelo. Un cartel plastificado colgaba de su cuello, como en un niño perdido, explicando su situación laboral y familiar. Su pañuelo de tela acumulaba agua salada, mientras las letras se atropellaban en su lengua.
Hoy ya no lleva el uniforme ni su pañuelo de tela, sino que cambia pañuelos de papel por monedas. Le han dado monedas cuatro personas del vagón, sólo una ha cogido los pañuelos.
Le veo limpio y camina derecho, mirando a la gente de frente.
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