Cuando la coreógrafa me lo comentó no dudé, ya lo había pensado, ya lo tenía en mente... sólo me confirmó mis sospechas. Tenía que depilarme los sobacos. Tras siete años de resistencia, de convivencia, de enfrentamientos contra el mundo. Tras un proceso de primero sentirme rara pero convencida, luego sentirme orgullosa y transgresora, pasar por la fase más provocadora de mi vida, entrando al metro a hacer experimentos sociológicos, y a la playa a caminar haciendo retumbar los infiernos a cada paso... Tras tener dudas y refuerzos de grandes amigas, pasar miedo a la hora de irme a la cama por primera vez con alguien, de tener un mal verano y darme a la manga corta y el sudor... Tras muchas, muchas, muchas cosas, llegó el día de depilarlos, afeitarlos y cambiar, por un tiempo, la imágen de mis axilas.
Mi padre, poco delicado, me dijo: "eso es como votar al psoe!". Mi madre contestó: "perdónalos, señor, que no saben lo que dicen" (Bendita sea, ella, entre todas las mujeres). Algunas amigas intentaron ayudarme a evitar el momento, pero en realidad yo ya me había decidido. ¿porqué no? ¿es mi cuerpo y yo decido o hay un mandato politico-social que me obliga a estar de una manera inmutable?
Entonces mi chico llenó la bañera de agua hirviendo, encendió unas velas y puso los pianos de Calle 54. Me frotó el cuerpo con el cepillo de cerdas, lento y fuerte, arrastrándo fuera de mí todo lo que sobraba. Me dejó sola en el agua un rato, y a una llamada, vino con unas tijeras. Poco a poco, en silencio, fué recortando todos los pelos de ambas axilas, besándolas de vez en cuando, lleno de amor y respeto, dándole al momento toda la solemnidad que yo sentía. Luego, me dejó su espuma de afeitar y su cuchilla, y yo misma terminé el trabajo. Lenta y segura. Por último me dió el acéite de hipérico, y me abrazó por detrás mientras me lo untaba frente al espejo, sujetándome frente a la impresión que me causaron aquellos sobacos preadolescentes e indefensos.
Nos abrazamos y el momento tomó un significado de renovación, de reinicio, de reboot (que me suena a mezcla de debút y reinicio en inglés).
HOY ME SIENTO LA MUJER MÁS AFORTUNADA DEL MUNDO.
Mi padre, poco delicado, me dijo: "eso es como votar al psoe!". Mi madre contestó: "perdónalos, señor, que no saben lo que dicen" (Bendita sea, ella, entre todas las mujeres). Algunas amigas intentaron ayudarme a evitar el momento, pero en realidad yo ya me había decidido. ¿porqué no? ¿es mi cuerpo y yo decido o hay un mandato politico-social que me obliga a estar de una manera inmutable?
Entonces mi chico llenó la bañera de agua hirviendo, encendió unas velas y puso los pianos de Calle 54. Me frotó el cuerpo con el cepillo de cerdas, lento y fuerte, arrastrándo fuera de mí todo lo que sobraba. Me dejó sola en el agua un rato, y a una llamada, vino con unas tijeras. Poco a poco, en silencio, fué recortando todos los pelos de ambas axilas, besándolas de vez en cuando, lleno de amor y respeto, dándole al momento toda la solemnidad que yo sentía. Luego, me dejó su espuma de afeitar y su cuchilla, y yo misma terminé el trabajo. Lenta y segura. Por último me dió el acéite de hipérico, y me abrazó por detrás mientras me lo untaba frente al espejo, sujetándome frente a la impresión que me causaron aquellos sobacos preadolescentes e indefensos.
Nos abrazamos y el momento tomó un significado de renovación, de reinicio, de reboot (que me suena a mezcla de debút y reinicio en inglés).
HOY ME SIENTO LA MUJER MÁS AFORTUNADA DEL MUNDO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario