A veces tengo un miedo atravesado en la garganta. Se me clava, y se pasea por mi cuerpo como si tuviera permiso para ello. A veces mi miedo tiene cara, piernas y pelo, y se cuela en mi cabeza creando imágenes que me torturan. La soledad es cada vez más amiga que enemiga, pero a veces se alía con el miedo que tengo atravesado en la garganta, y no puedo sino recordar aquella pequeña mujercita, morena y analfabeta, que por un error del destino se encontraba en el mundo de los monstruos y aprendía a tirarle de la cola a su peor temor, y reir con las consecuencias.
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