Esta noche he sobrevivido a una gran explosión en la barceloneta. Anoche luché contra una invasión nazi, tratando de proteger a mi amiga Marta con un bate de béisbol. La noche anterior estuve en un hospital para marcianas, donde soltaban un saco de un gas extraño. Previamente he soportado estóicamente olvidar candar mi bici y no poder encontrarla después, la impasibilidad de mi amante frente a que me mordiera un tiburón y guiar a un grupo de desconocidxs en medio del apocalipsis.
Por ello, durante el día, no quiero saber que Ana Botella es la alcaldesa de Madriz, ni ver las pintadas de los nazis en mi barrio, ni que ha habido una agresión sexista en el rollo, ni oir hablar de los terremotos, hundimientos de barcos o cierres de páginas web. Lo único que puedo desear es sumergirme en un mundo de fantasía donde lxs buenxs siempre ganan y a lxs malxs se les da una buena tunda.
Un mundo de brujas, hechiceras y curanderas que conocen la mezcla exacta para curar el catarro y soñar con nubes y estrellas.
Quiero ser La Herbolera. La Hija del Bosque. La Aprendiz. Y por ello, le pese a quien le pese, me sumerjo en largas trilogías de ciencia ficción y fantasía. Porque ya es suficientemente duro y pesado el mundo real, así como el nocturno, y lo único que puedo aspirar es a que mi literatura no me lleve también por semejantes derroteros.
Por ello, durante el día, no quiero saber que Ana Botella es la alcaldesa de Madriz, ni ver las pintadas de los nazis en mi barrio, ni que ha habido una agresión sexista en el rollo, ni oir hablar de los terremotos, hundimientos de barcos o cierres de páginas web. Lo único que puedo desear es sumergirme en un mundo de fantasía donde lxs buenxs siempre ganan y a lxs malxs se les da una buena tunda.
Un mundo de brujas, hechiceras y curanderas que conocen la mezcla exacta para curar el catarro y soñar con nubes y estrellas.
Quiero ser La Herbolera. La Hija del Bosque. La Aprendiz. Y por ello, le pese a quien le pese, me sumerjo en largas trilogías de ciencia ficción y fantasía. Porque ya es suficientemente duro y pesado el mundo real, así como el nocturno, y lo único que puedo aspirar es a que mi literatura no me lleve también por semejantes derroteros.

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