Deja todo tal y como lo encontraste.
Odiar te hace daño, siente compasión por aquellxs que no pueden hacerlo mejor.
Transforma tu cólera en actividades creativas, y si no puedes, pégale al cojín.
No me insultes, explícame lo que te molesta.
Pónle palabras a lo que sientes para poder liberarte de esa carga.
Llora, llora mi niña todo lo que quieras, no cortes tu llanto aunque no sepas de dónde viene.
Cuando hagas daño, asume tu responsabilidad y repáralo.
Nunca te escondas pues te perseguirán tus fantasmas.
No quieras serlo todo para tu pareja ni te impidas buscar en otra gente lo que él/ella no puede darte (y viceversa).
Honra y recuerda a tus muertxs, sin permitir que invadan tu vida.
El malestar no está en un sitio sino en tu propia persona.
La edad es la mayor maestra, escucha a tus mayores.
Hay mil formas de amar.
No juzgues.
El cambio es constante, en tí y en tu alrededor, y el mundo tiende a compensarse a sí mismo.
Disfruta de todo lo que hagas como si fuera la última vez que lo fueras a hacer.
En reconocimiento histórico a mi señora madre, mujer sabia donde las haya, cito alguna de sus grandes enseñanzas para mi vida. Sin ellas, no sólo yo sería otra sino que mi vida sería muy otra.
PD; dibujo de Charo Calleja Martín.
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